De tiritas

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Fotografía: Antonio Más Morales

Con el paso del tiempo aprendemos a poner tiritas, a ponernos tiritas, a prestarlas, a pedirlas.

Antes luciamos nuestras heriditas, nuestras señoras heridas, con el orgullo de las muescas que la vida deja sobre la piel y sobre el alma. Buenas dosis de ilusión, de esperanza y confianza que eran el mejor betadine de nuestra mirada en el futuro. Pero tras la piel horadada siempre queda la brecha, el rasguño. A veces la piel no da para cicatrizar con la misma pasión con la que avanzó hacia el filo de la desazón.

Ahora aprendimos a poner tirita a la minúscula picadura de ilusión, antes que la piel enrojezca. Guardamos en la caja de los hilos la agüja de la pasión, el hilo de la vida, las tijeras del perdón, el dedal del tesón y la tela del amor. Y miramos con cautela por la rendija por la que en ocasiones se filtra aire fresco.

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