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Para las compañer@s de Mildred en Huesca

Os dejo a continuación un escrito de un@s compañer@ , interesante reflexión:

Que los primeros pasos del cine se dieron observando la salida obrera de una fábrica  no es casual. La imagen del cansancio, de la jornada completa, de la despedida del compañero, de la compañera, de esos primeros minutos de tránsito hacia otras vidas es por simple y cotidiana, grande.

En la fábrica de Mildred en Huesca esa escena se ha repetido durante mucho tiempo por las mañanas,  por las tardes, por las noches. La situación laboral en la fábrica ha pasado por altibajos en los que quienes más han sufrido han sido las trabajadoras y trabajadores, unas veces por la eventualidad, otras veces por las condiciones salariales, incluso porque, en distintos casos, las relaciones laborales no han estado ni siquiera claras, nunca porque se haya puesto en cuestión  la calidad de su trabajo ni por su productividad, digan lo que hayan dicho los números contables.

Cada trabajadora - Mildred ha ocupado a una buena mayoría de mujeres, sobre todo en puestos de menor especialización y en condiciones más precarias-, cada trabajador han luchado día a día por la dignidad de lo bien hecho, con la dignidad de quienes, además tienen un plus añadido, el del prejuicio acerca de estar en el primer peldaño de la situación obrera en Huesca.

En distintas ocasiones las organizaciones sindicales han procurado apoyar al colectivo desde dentro, con mejor o peor fortuna.

En distintas ocasiones las Instituciones, el Ayuntamiento también, han colaborado económicamente para evitar expedientes de regulación, a favor, de la plantilla.

Siempre el personal de Mildred en Huesca ha reflejado como nadie el perfil del mundo obrero que se levanta a turnos para trabajar en cadena, intentando, como se puede, conciliar el trabajo con el resto de la vida.

El pasado 8 de marzo, las compañeras de la Coordinadora del mismo nombre acogían otra manifestación en su reivindicación feminista, la de “La Mildred”. Aquella noche la plaza se llenaba de diversidad, en todos los sentidos posibles, porque la plantilla de Mildred, la “fija”, la eventual, la “subcontratada”,  es diversa, y como decía una compañera que la representaba, “orgullosa de serlo”.

En esa fábrica se sabe mucho de desigualdad y de igualdad, a la vez, de convivencia y de conflicto, bien entendido... Cuánto tenemos que aprender de las relaciones que allí se han desarrollado...

Hoy, la continuidad digna no se resuelve. Las soluciones parecen complejas pero sólo se comunican las propuestas más simples: “un comprador”.

Nuestras compañeras y compañeros están pendientes de un hilo y con ellas y ellos, el resto del mundo obrero de Huesca y, por ende, toda la comunidad.

Es probable que rescatar en un escrito viejas ideas de desarrollo sostenible, a favor de que Huesca y su ámbito de influencia encuentren su motor de arranque en sus propios recursos y en la originalidad de su organización, sirva  de poco.

Ciertamente vivimos en un mundo global donde lo que ocurre aquí es reflejo de lo que ocurre en otros lugares y repercutirá en otros nuevos... Sin embargo, esta idea no puede frenar la iniciativa creativa de buscar soluciones locales diferentes.

La época de “pedir a los Reyes” –o a las Reinas- ha pasado, no obstante, nos resistimos a no pensar que la creación de una sociedad pública, con cien, mil, diez mil personas dispuestas a poner su poder –económico, creativo, organizativo, consumidor, etc- no pueda ser “ese comprador”. Cualquier fábrica necesita de un grupo de gente que apueste por el trabajo justo, por un producto de calidad que incluya ingredientes y elaboración “ecológicos”, no sólo en lo material. Ese grupo de gente tiene que tener una buena capacidad de escucha y de propuesta, también para dirigirse a quienes consumimos un producto. Además ese grupo de gente tiene que ser capaz de aliarse en una red sostenible.

No pedimos “a los Reyes –o a las Reinas” que las trabajadoras y trabajadores en un momento como éste de crisis asuman más tareas de las que han venido asumiendo hasta ahora bajo sus contratos, pero sí que les den fuerzas para continuar y al resto ojos y oídos para vernos en sus propias vidas reflejados.

JUSTICIA E IGUALDAD, a pie de calle.

Joaquín Palacín Sesé y Mª del Pilar Martín Faure,

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